Por Lillian
Lechuga
Es tan
artificial la situación que hoy existe,que si Mark Twain viviera, se asombraría
al saber que en pleno siglo xxi,para un yanqui de Connecticut sería más fácil
visitar La Corte del Rey Arturoque a un ciudadano norteamericano pasear por las
calles de La Habana […]
CarlosLechuga (inédito)
Desde hace mucho, año tras año, la Asamblea
General de Naciones Unidas –el cónclave más representativo de la comunidad
internacional– vota casi en su totalidad, salvo dos o tres excepciones,
Washington, Tel Aviv y algún otro pequeño satélite, una resolución condenando
el embargo o bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba.
En esa mayoría se incluyen importantes aliados militares y comerciales
de Estados Unidos. Así y todo, cada uno de los ocupantes de la Casa Blanca
desde hace más de medio siglo ha mantenido tal estado de cosas.
Hace unos días, en su primer discurso sobre
América Latina al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, no se le
ocurre nada mejor que decir en la OEA que “La relación que queremos promover no
es la de un Estados Unidos estableciendo cómo y cuándo hay que intervenir en
los asuntos de otros estados americanos, a lo que aspiramos es a que todos los
países nos veamos como iguales, compartamos las mismas responsabilidades y
colaboremos en los asuntos de seguridad, no como parte de la adhesión a una
doctrina, sino en virtud de decisiones que adoptamos como socios para avanzar
en los valores e intereses que compartimos”, subrayó cínicamente.
