martes, 10 de diciembre de 2013

Apretón de manos de Barack Obama y Raúl Castro provoca histeria en Miami




   Después del difundido apretón de manos entre el presidente cubano, Raúl Castro y el mandatario estadounidense, Barack Obama, durante las exequias del líder sudafricano Nelson Mandela, en el estadio Soccer City de Soweto, la gusanera de Miami activó a sus alabarderos en Washington y comenzó su avalancha de críticas, signadas por el odio visceral que sienten hacia la isla caribeña.
   Las principales agencias de noticias internacionales difundieron la imagen que presentaba a Obama estrechando la mano del líder cubano y generando un revuelo informativo con especulaciones de todo tipo.
   Algunos calificaron de “histórico” el encuentro entre ambos estadistas, otros lo calificaron de “esperanzador”, e incluso hubo quienes afirmaron que el espíritu de Mandela seguía apostando al entendimiento y la paz.
   Pero la reacción de los congresistas cubanoamericanos en Washington y de los grupos extremistas anticubanos de Miami tuvo miradas diferentes a las que aportaban los cables noticiosos que inundaban las redes sociales y los titulares de los principales periódicos en el mundo.

    Durante una audiencia sobre Irán en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de
congresista Ileana Ros-Lethinen
Representantes estadounidense, la congresista republicana cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, conocida por sus posturas fascistas hacia Cuba, interrumpió al secretario de Estado, John Kerry, cuestionando el acto protocolar que involucró a los presidentes de Cuba y Estados Unidos.
   La señora Lethinen, hija de un conocido esbirro vinculado a la sanguinaria dictadura de Fulgencio Batista que desgobernó en Cuba hasta 1958, calificó el saludo entre ambos mandatarios como un “acto de propaganda para el régimen cubano”, y censuró la actitud de Obama.
   La congresista, que representa a los más reconocidos líderes terroristas de Miami entre los que destacan Luis Posada Carriles y el ya fallecido Orlando Bosch, autores intelectuales de la voladura en pleno vuelo de un avión comercial cubano que costó la vida a 73 civiles, luce en su detestable record su oposición abierta y decidida a que Nelson Mandela, a quien precisamente hoy el mundo rinde póstumos honores, visitara la ciudad de Miami en 1990 por considerarlo un “terrorista”.
   Otro de los cubanoamericanos que desangró su viciado hígado en el Congreso de Estados Unidos fue el senador Marcos Rubio, de turbia carrera política a pesar de su
senador Marcos Rubio
juventud y que también representa los intereses de los grupos más recalcitrantes que desde Miami, no cesan de preparar agresiones contra Cuba y su pueblo.
   En una evidente muestra de ignorancia y prepotencia, el senador por Miami afirmó que "si el presidente (Obama) iba a darle la mano (a Raúl Castro), él debería haberle preguntado sobre esas libertades básicas a las que Mandela estuvo asociado, y que se niegan en Cuba".
   En Miami, las reacciones de los líderes de la contrarrevolución también expresaron su enojo por el encuentro entre Obama y Castro en el estadio Soccer City de Soweto.
   Ramón Saúl Sánchez, exmatón a sueldo, asesino confeso mientras militaba en el grupo terrorista Omega 7 y actual provocador en Miami, comentó a la prensa que daba tristeza ver a Obama saludando a Castro, mientras que Orlando Gutiérrez, cabecilla del grupúsculo anticubano Directorio Democrático, aseguró a los medios que este saludo "envía un pésimo mensaje político hacia el interior de Cuba”.
   Sánchez y Gutiérrez, son dos de los tantos “anticastristas” que en Miami han hecho del diferendo cubano-estadounidense un gran negocio que reporta cerca de 20 millones de dólares anuales que Washington destina para financiar la desestabilización interna en la isla a través de sus mercenarios a sueldo.
   Con los pies en la tierra, este saludo no pasó del simple protocolo presidencial y como afirmara el presidente cubano, un acto formal y civilizado, a pesar de la algazara que provocó la prensa que desde el año 2000, en que el expresidente norteamericano Bill Clinton dio un apretón de manos al comandante Fidel Castro en una recepción de Naciones Unidas en Nueva York, no habían vuelto a ver un hecho como este.
   Las históricas diferencias entre Cuba y Estados Unidos no se resuelven con un simple estrechón de manos. Hay mucho que discutir y mucho que analizar, desde el respeto a la soberanía y la independencia de cada país.
   Basta recordar las palabras pronunciadas por el presidente Raúl Castro ante el parlamento cubanos cuando expresó que “estamos listos para hablar de todo. Pero de aquí, de Cuba y de Estados Unidos, no a negociar nuestro sistema político y social”.
   “A mí no me eligieron presidente para restaurar el capitalismo en Cuba, ni para entregar la revolución. Fui elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando el socialismo, no para destruirlo”, añadió Raúl que desde hace mucho tendió el olivo de la paz, pero desde la dignidad inquebrantable del pueblo cubano.

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